NO + BANCA

En la corta trayectoria que llevo en este globo terráqueo, vi  pasar oportunidades en mis narices, sin siquiera aspirar hacerlas mías; por sentimientos encontrados o mejor dicho perdidos, que frenaban mi pulso susurrando que ello no era para mí, que no merecía tanto, o que me tranquilizara porque mi gran momento algún día llegaría.

Mi frase de cabecera era entonces; “Espere y vera” que repetía constantemente a un público que quizá no esperaba nada de mí y una mentira que me decía a mi mismo, puesto que el único que esperaba y esperaba era yo. “Algún día” me mentía…

Ese “Algún día” que suena a utopía, que pinta una esperanza pero alivia el miedo a enfrentar todo ya; ese algún día que juega a dos bandas, que relaja y envejece, que permite prepararte, pero para cuando las oportunidades están vencidas y toca buscar remates en el mercado escaso de ocasiones colosales.

Así como cuando suena la alarma y le indicas que vuelva a sonarte en 5 minutos, son las oportunidades que tocan puerta y las dejamos esperando… como si no hubiesen más seres humanos pidiendo a Dios por ellas.

Siendo difíciles, demorados, tercos y orgullosos, en compañía de la frase vieja, que no es tan confiable: “Lo que es para uno es para uno” dejamos de buscar la grandeza por encontramos con la pereza, madre de los gemelos ‘vicio y ocio’, fenómenos que se meten en casa, brindan comodidad y quitan horas a la verdad.

Una verdad que no da largas, que a veces es cruda pero siempre dará sentidos a los momentos. Que está aquí, que es real y confronta, entrena y obliga a vivir el momento, una verdad que solo hallé entrando en acción, eliminando el algún día y sorprendiendo días siendo el alguno, el 1 de 1 atrevido con la vida, que se escapó de su laguna, de su pesado sueño para vivir liviano luchando por su meta. Con la gorra bien puesta y el alma bien inquieta.

Aun cuando ya estoy despierto, de los años en la banca aprendí cuan elegante es jugar; que no debo esperar a nadie, ni siquiera lo que es para mí, porque estoy vivo y yo puedo ir por ello. Porque todo, desde el inicio, dependió de mi actitud; puesto que después de aquel largo sueño, me pregunté porque esperé tanto si todo estaba en mis manos…después me respondí que fui yo quien las cruzaba.

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