EL VIAJE DE SUBIDA

El viaje de la vida nos deja una enseñanza que pasa pero no se queda: todo es pasajero: Los días brillantes, las noches intranquilas, los problemas, las soluciones, las fiestas, las tristezas y sobretodo las personas.

Así es gente, pasajeros somos y a veces no avanzamos, dejando las pasajes importantes para después, cuando la carretera esté pavimentada y no hayan huecos que sacudan la comodidad que pretendemos para acelerar hacia un destino prometedor, que sigue esperando a su elegido para cumplirle.

Es importante recalcar que los momentos buenos y malos están ahí, en alguna curva que aún no ves, esperando por vos… para hacerte sentir vivo, hacerte feliz, verte lamentar y ser testigo de cómo te logras levantar. Por ello, sabiendo que ya todo está escrito hay que vivir la película; porque si afirmamos que nada es porque sí, arriesgarse ¿Por qué no?

Vos sos un pasajero que tiene un destino, nunca compras un boleto sin saber para dónde vas, porque de ser así, te quedarías quieto y ya, en la banca como suplente, en el estanco o en el estanquillo viendo pasar las horas tomando silla.

Pero estamos vivos y aunque no sepas porqué, seguís aquí, buscando el no sé qué ni para cuando. Pero en el fondo sabes qué esperas algo, desconociendo que tardará el tiempo que te demores en soltar y de una vez por todas saltar.

No te quedes en el charco que ensució tu andar, ni en el tanque que lavó tu traje. No contes siempre los mismos problemas ni tampoco alardees tus viejas glorias. Se quedaron atrás, son parte de tu historia pero no se solucionarán o mejorarán si tu discurso es repetir lo que fue, quitando tiempo a lo que puede ser.

Es momento de ir a por todo, porque la juventud no es eterna; esto sigue y vienen futuras generaciones con hambre, y queriendo que el tiempo pase para ser grande.

 

Share This